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Squffy

Qué va bordado en la cinta y qué grabado en la chapa

Un labrador rubio con un collar Squffy Classic para perro Cognac Brown bordado con el nombre Bowie, y una pequeña chapa de metal grabada en la anilla en D

Última actualización:

Definition

El nombre va bordado en la cinta y el teléfono grabado en la chapa. No es una preferencia: el bordado admite hasta diez caracteres y un móvil español tiene nueve dígitos más el prefijo, así que el número no entra en la cinta sin comerse el nombre.

Esta página es para el momento en que ya has decidido comprar y estás delante del formulario sin saber qué escribir en cada casilla. Son cuatro decisiones y ninguna se puede deshacer después, porque un artículo personalizado no se devuelve.

Primera decisión: el nombre va en la cinta

Bordado, atravesando el nailon. Va ahí porque es lo que se lee a distancia y sin tocar al perro, y porque es lo que hace que un desconocido pueda llamarlo. Un nombre corto se lee mejor: TOBI a tres metros, ARIADNA no.

El límite son diez caracteres en cualquier collar nuestro. Si le añades pines para perros bajan a ocho, y a seis cuando el collar es un Classic de talla S, porque los pines ocupan parte de la banda donde iría el nombre.

Segunda decisión: el teléfono va en la chapa

Y no en la cinta, y esto no es una opinión nuestra. Un móvil español son nueve dígitos, y con el prefijo internacional son doce. Con un límite de diez caracteres, el número no entra, y si lo metieras a la fuerza ya no cabría el nombre. Así que el número va grabado en el metal.

El frontal de la chapa lleva un nombre con letra grande. El reverso, que es opcional, es donde va el teléfono completo. Ese reparto funciona porque quien encuentra a tu perro lee primero el nombre, lo llama, y le da la vuelta a la chapa después.

Un número, no dos

La tentación es poner el tuyo y el de tu pareja. No lo hagas si eso obliga a reducir el tamaño de letra: un número legible vale más que dos que hay que leer con gafas a la luz de una farola. Pon el móvil que llevas encima siempre.

Tercera decisión: cuánto nombre pones

Y aquí la respuesta casi siempre es menos del que crees. El límite es un tope, no un objetivo, y un nombre que ocupa los diez caracteres justos sale con las letras más estrechas y con menos aire entre ellas que uno de cinco. En una acera, a la distancia a la que alguien se fija en un collar, gana el corto.

La versión que use la familia es normalmente la buena: si en casa le decís Chiqui y no Chiquitín, pon Chiqui. Es también el nombre al que el perro responde, que es lo que importa cuando quien lo llama es un desconocido.

Antes de escribirlo, ten en cuenta que ni el bordado ni el grabado admiten tildes ni la letra eñe, y que el configurador te muestra la forma que va a salir mientras escribes. Cómo se transforma cada nombre y qué hacer si el tuyo lleva una está explicado aparte, porque tiene más miga de lo que parece.

Cuarta decisión: qué es mejor no poner

Tu dirección completa. El nombre del perro y un teléfono resuelven la situación entera, y una dirección en el cuello de un animal al que sacas por las mismas cuatro calles todos los días es información sobre tu casa dando vueltas por el barrio. Con un teléfono, quien lo encuentre te llama en medio minuto.

Tampoco hace falta el número de chip. Es largo, no se lee bien grabado pequeño, y quien tiene un lector ya lo saca del propio animal. Y no pongas nada que suene a advertencia. Un collar que anuncia que el perro muerde hace que nadie se acerque a ayudarlo, que es exactamente lo contrario de lo que quieres.

Cómo elegir el color del hilo para que se lea

Es la parte que más gente falla, y no tiene nada que ver con el gusto. Un nombre bordado funciona por contraste con la cinta, no por lo bonito que sea el color en la pantalla. Sobre el Midnight Black, un hilo claro como el Cream se lee de lejos; sobre el Cognac Brown funciona tanto el claro como un tono oscuro tipo Espresso, y sobre el Olive Green el claro gana por bastante.

La prueba mental es sencilla: imagina el collar en una acera al atardecer, no en la foto del producto. Si tienes que acercarte para distinguir las letras, el contraste es insuficiente.

Un caso aparte, el perro recién adoptado

Si acabas de traer a casa un perro de protectora, es el momento de mayor riesgo de fuga y a la vez el momento en que todavía no tienes claro cómo se va a llamar. Nuestra recomendación es al revés de lo habitual: primero la chapa con tu teléfono, que puedes tener grabada sin decidir el nombre, y el collar bordado unas semanas después, cuando el nombre ya sea el definitivo y el perro responda a él.

Cómo queda el conjunto

El nombre bordado en la cinta y siempre puesto, porque forma parte del tejido y no es una pieza colgada que se pueda soltar. El teléfono grabado en el metal, retirando material en lugar de imprimir una capa encima. Cada dato en el soporte que mejor lo aguanta y en el sitio donde se va a leer.

Preguntas frecuentes

¿Puedo bordar el nombre y el teléfono en el collar?
No, no caben los dos. Un móvil español son nueve dígitos y doce con el prefijo internacional, y el límite del bordado es de diez caracteres, así que el número solo entraría comiéndose el nombre. El reparto es el nombre bordado en la cinta y el teléfono grabado en la chapa.
¿Cuántos caracteres caben en la cinta?
Hasta diez, y la talla no recorta ninguno. Los pines para perros sí: con pines son ocho, y en un Classic de talla S son seis, porque hay que dejarles sitio en la cinta.
¿Cuánto nombre conviene poner?
Menos del que cabe. El límite es un tope y no un objetivo: un nombre que ocupa los diez caracteres justos sale con las letras más estrechas y con menos aire entre ellas que uno de cinco, y a la distancia a la que alguien se fija en un collar gana el corto. La versión que uséis en casa suele ser la buena, y es además el nombre al que el perro responde.
¿Pongo un teléfono o dos?
Uno, el móvil que llevas encima siempre. Poner el tuyo y el de tu pareja obliga a reducir el tamaño de letra, y un número legible vale más que dos que hay que leer con gafas a la luz de una farola.
¿Debo poner mi dirección?
No lo recomendamos. El nombre del perro y un teléfono resuelven la situación entera, y una dirección en el cuello de un animal al que sacas por las mismas cuatro calles todos los días es información sobre tu casa dando vueltas por el barrio.
¿Y el número de microchip?
No hace falta. Es largo, no se lee bien grabado en pequeño, y quien tiene un lector lo saca del propio animal sin necesidad de la chapa. Tampoco pongas advertencias del tipo perro que muerde: un collar que asusta hace que nadie se acerque a ayudarlo, que es lo contrario de lo que buscas.
Acabo de adoptar y aún no tengo claro el nombre, ¿qué pido primero?
Al revés de lo habitual: primero la chapa con tu teléfono, que puedes grabar sin haber decidido el nombre, y el collar bordado unas semanas después, cuando el nombre sea el definitivo y el perro responda a él. Las primeras semanas son las de mayor riesgo de fuga, así que lo urgente es el número.

Sobre este artículo

Anna escribe como habla: cercana, directa y fácil de seguir. Sus textos hablan de la vida real con perros: huellas de barro por toda la casa, cachorros que mordisquean todo lo que encuentran o un perro que se tira a un c

Este artículo se ha redactado con ayuda de IA y ha sido revisado por Anna de Jong, Redactora de vida con perros · Ámsterdam. Supervisión editorial: Laura de Wit.

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Referencias (4)
  1. [1]Lord, L. K., Ingwersen, W., Gray, J. L., & Wintz, D. J. (2009). Characterization of animals with microchips entering animal shelters. Journal of the American Veterinary Medical Association, 235(2), 160-167.
  2. [2]Weiss, E., Slater, M., & Lord, L. (2012). Frequency of lost dogs and cats in the United States and the methods used to locate them. Animals, 2(2), 301-315.
  3. [3]American Veterinary Medical Association (2022). Microchipping of Animals FAQ. AVMA Public Resources.
  4. [4]Slater, M. R., Weiss, E., & Lord, L. K. (2012). Current use of and attitudes towards identification in cats and dogs in veterinary clinics in Oklahoma. Animal Welfare, 21(1), 51-57.

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