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Qué es un perro reactivo y qué se puede hacer

Un border collie mestizo tranquilo con un collar Classic para perro Olive Green pasa junto a un ciclista en un camino de canal neerlandés, mirando a su dueño

Última actualización:

Definition

Un perro reactivo reacciona de forma exagerada a algo concreto, casi siempre otro perro y casi siempre con la correa puesta. No es agresividad ni mala educación: atado no puede hacer un arco ni marcharse, así que se hace grande. Debajo hay miedo o frustración, y saber cuál cambia lo que ayuda.

Reactivo es la palabra que se ha impuesto en España para esto, y por una vez conviene empezar por la definición, porque es lo que la gente escribe en el buscador. Un perro reactivo es un perro que reacciona de forma exagerada a algo concreto, normalmente otro perro, y casi siempre con la correa puesta: ladra, tira, se pone de pie sobre las patas de atrás y no atiende a nada hasta que el otro ha pasado.

No es agresividad y no es que lo hayas educado mal. El mismo perro que en el pipicán juega sin problema se convierte en otro a dos metros de una farola.

Por qué solo pasa con la correa

Dos perros que se cruzan sueltos tienen opciones. Pueden hacer un arco para rodearse, olfatearse un segundo y seguir, o darse la vuelta. Ese arco es comunicación normal entre perros y resuelve la mayoría de los encuentros antes de que pase nada.

Atado, no queda ninguna opción. Tu perro no puede hacer el arco, porque está sujeto a metro y medio de cinta y tú vas recto por una acera que en muchos barrios españoles tiene sitio para una persona y medio. No puede irse. Solo puede ir hacia delante, que es justo la dirección que no quiere. Lo único que le queda es hacerse grande: ladrar, levantarse, ocupar espacio, con la esperanza de que el otro desaparezca.

Y funciona, porque el otro perro efectivamente pasa de largo. Desde dentro de tu perro, ladrar ha servido. Así que la próxima vez lo hace un poco antes y un poco más fuerte.

Por qué no es dominancia

Encontrarás mucha explicación por internet donde esto va de quién manda y de que tu perro aprenda que el jefe eres tú. Puedes creerlo si quieres, pero no explica por qué ese mismo perro suelto juega como si nada.

Lo que sí lo explica es la situación de estar atrapado. Debajo casi siempre hay miedo o frustración. Miedo si tu perro preferiría no encontrarse al otro y no puede marcharse. Frustración si lo que quiere es exactamente lo contrario, llegar hasta él, y no le dejan. Por fuera se parecen mucho, y saber cuál de las dos tienes cambia lo que ayuda.

Miedo o frustración

No mires el ladrido, que en los dos casos suena igual. Mira lo que pasa en el momento en que el otro perro ya no está.

Con frustración, baja rápido. Tu perro se sacude, vuelve a olfatear y sigue como si no hubiera ocurrido nada. Su cuerpo iba hacia delante cuando apareció el otro, con la cola alta y las orejas por delante.

Con miedo, se queda colgado. Sigue mirando por encima del hombro, se mantiene tenso y no coge una golosina que en casa acepta encantado. Su cuerpo se echó atrás o se quedó clavado antes de empezar a ladrar. Que rechace comida siendo un perro comilón es la señal más clara de que hay estrés y no entusiasmo.

El trabajo es la distancia, no el ladrido

Todo perro tiene una distancia a la que puede ver a otro sin pasarse. Por fuera de esa distancia todavía piensa; por dentro, ya no. Todo el entrenamiento ocurre por fuera.

En la práctica: si ves al otro perro antes de que lo vea el tuyo, cruza de acera, ponte detrás de un coche aparcado o mete el cuerpo entre los dos, y dale algo muy bueno mientras el otro está a la vista. No le estás prometiendo que dejará de ladrar. Le estás enseñando que un perro a lo lejos significa algo bueno y que él no tiene que resolver nada.

Esto va de semanas, no de un paseo. Durante esas semanas sal a horas y por sitios donde te cruces con pocos perros, aunque parezca rendirse. Veinte paseos tranquilos le enseñan más que uno en el que se desborda tres veces.

Los collares que prometen quitarle el ladrido

Aquí es donde toca ser claro. Se venden en España muchos collares que prometen resolver esto: de adiestramiento, de descarga, antiladridos, de pinchos. Nosotros no hacemos ninguno, y tampoco te vamos a decir qué es legal donde vives, porque eso no nos toca a nosotros.

Lo que sí decimos es el mecanismo. Tu perro ladra porque no está a gusto con el otro perro. Si además le duele, seguirá sin estar a gusto y encima habrá aprendido a callarse el aviso previo. El ladrido es la parte que se ve, no el problema.

Qué hace el material y qué no

Ningún collar, correa ni arnés arregla esto. Quien te diga otra cosa te está vendiendo algo.

Lo que tu equipo sí decide es con cuánta seguridad pasas esas semanas. Un perro que sale disparado hacia arriba concentra en ese instante mucha fuerza en un punto. Una cinta de 38 mm reparte ese tirón sobre más cuello que una estrecha, y esa es toda la diferencia que aporta el ancho. Si le pasa a menudo, pasea con arnés y deja el collar para la identificación. Y cambia la correa extensible por una fija: la distancia al otro perro es exactamente lo que quieres tener en la mano.

Vivir con él mientras dura

Mucha gente en España busca precisamente esto, cómo vivir con un perro reactivo, y no cómo curarlo. Es una buena forma de plantearlo. Con un educador que trabaje en positivo, y son fáciles de encontrar aquí, en unas sesiones tendrás claro cuál de las dos causas tiene tu perro y a qué distancia empezar. Si está tan metido que pasear ya no es posible, habla también con tu veterinario. Hay casos en los que la medicación es la diferencia entre poder entrenar y no poder.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente un perro reactivo?
Un perro que reacciona de forma exagerada a algo concreto, normalmente otro perro, y casi siempre con la correa puesta: ladra, tira, se levanta sobre las patas de atrás y no atiende a nada hasta que el otro ha pasado. No es agresividad ni mala educación. El mismo perro suelto en un pipicán suele jugar sin ningún problema.
¿Por qué se desborda solo cuando va atado?
Porque la correa le quita todas las opciones. Dos perros sueltos hacen un arco para rodearse, se olfatean un segundo y siguen. Atado no puede hacer el arco ni marcharse, solo puede ir hacia delante, que es justo la dirección que no quiere. Lo único que le queda es hacerse grande hasta que el otro desaparezca, y como el otro pasa de largo, para él ha funcionado.
¿Es agresividad o dominancia?
Ninguna de las dos. Si fuera cuestión de quién manda, ese mismo perro no jugaría tranquilo cuando va suelto. Lo que lo explica es estar atrapado, y debajo hay miedo, si preferiría no encontrarse al otro y no puede irse, o frustración, si lo que quiere es llegar hasta él y no le dejan.
¿Cómo distingo si es miedo o frustración?
No mires el ladrido, que suena igual en los dos casos. Mira lo que pasa cuando el otro perro ya no está. Con frustración baja rápido: se sacude, olfatea y sigue. Con miedo se queda colgado, mira por encima del hombro, sigue tenso y rechaza una golosina que en casa acepta. Que un perro comilón no coma es la señal más clara de estrés.
¿Qué es lo que de verdad ayuda?
La distancia, no quitarle el ladrido. Todo perro tiene una distancia a la que puede ver a otro sin pasarse, y todo el trabajo ocurre por fuera de ella. Cruza de acera o ponte detrás de un coche y dale algo muy bueno mientras el otro está a la vista. Va de semanas: veinte paseos tranquilos enseñan más que uno con tres desbordes.
¿Sirve un collar antiladridos o de adiestramiento?
No hacemos ninguno de esos y no vamos a decirte qué es legal donde vives, porque no nos toca. Lo que sí decimos es el mecanismo: tu perro ladra porque no está a gusto con el otro perro, y si además le duele seguirá sin estar a gusto y habrá aprendido a callarse el aviso previo. El ladrido es la parte que se ve, no el problema.
¿Cambiar de collar o de arnés mejora algo?
No arregla la reactividad, y quien diga lo contrario te está vendiendo algo. Lo que decide tu equipo es con cuánta seguridad pasas las semanas de trabajo: una cinta de 38 mm reparte el tirón de un arranque sobre más cuello que una estrecha. Si pasa a menudo, pasea con arnés y deja el collar para la identificación, y cambia la correa extensible por una fija.

Sobre este artículo

Anna escribe como habla: cercana, directa y fácil de seguir. Sus textos hablan de la vida real con perros: huellas de barro por toda la casa, cachorros que mordisquean todo lo que encuentran o un perro que se tira a un c

Este artículo se ha redactado con ayuda de IA y ha sido revisado por Anna de Jong, Redactora de vida con perros · Ámsterdam. Supervisión editorial: Laura de Wit.

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Referencias (5)
  1. [1]Shih, H-Y., Paterson, M. B. A., & Phillips, C. J. C. (2019). Stress signals during dog walking and the effect of leash tension. Applied Animal Behavior Science, 215, 64-70.
  2. [2]Casey, R. A., Loftus, B., Bolster, C., Richards, G. J., & Blackwell, E. J. (2014). Human directed aggression in domestic dogs: Occurrence in different contexts and risk factors. Applied Animal Behavior Science, 152, 52-63.
  3. [3]Ziv, G. (2017). The effects of using aversive training methods in dogs: A review. Journal of Veterinary Behavior, 19, 50-60.
  4. [4]China, L., Mills, D. S., & Cooper, J. J. (2020). Efficacy of dog training with and without remote electronic collars vs. a focus on positive reinforcement. Frontiers in Veterinary Science, 7, 508.
  5. [5]RSPCA (2022). Understanding reactive behavior in dogs: a guide for owners. RSPCA Companion Animal Department.

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