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Pasear con la correa floja, y por qué tarda meses

Un labrador rubio camina con la correa floja junto a su dueño en una calle neerlandesa tranquila, con la correa colgando en una J suave

Última actualización:

Definition

La correa floja es cuando tu perro camina a tu lado o cerca de ti a un ritmo tranquilo y la correa cuelga formando una jota blanda. Sin tirones y sin correcciones continuas. Es la base de todo lo demás en un paseo y se tarda meses en conseguirla.

Si tu perro tira, lo que buscas es el método, y ese está en su propia página. Esta es la otra mitad: qué es exactamente lo que estás intentando conseguir, porque mucha gente entrena sin tener claro cuál es el objetivo y por eso no sabe cuándo va bien.

Cómo se ve la correa floja

Se ve en la correa, no en el perro. Si la correa cuelga formando una jota blanda entre tu mano y su cuello, vas bien. Da igual que el perro vaya medio metro delante, medio detrás o parado oliendo una farola: mientras la correa no esté tirante, está haciendo lo correcto.

Eso es todo el criterio, y tiene la ventaja de que es objetivo. No hace falta interpretar nada. La correa está tensa o no lo está.

No es caminar al pie

Caminar al pie es un ejercicio de obediencia: el perro pegado a tu pierna izquierda, atento a ti, avanzando a tu paso. Sirve para pasar por delante de una terraza llena o para cruzar entre coches, y se sostiene un par de minutos.

La correa floja no es eso y no debería serlo. Un perro tiene que poder oler, quedarse atrás y adelantarse. Pedirle atención constante durante media hora es agotador para él y no es un paseo. Es la diferencia entre una postura y una forma de andar.

Por qué se tarda meses

Porque tu perro no está aprendiendo un truco, está deshaciendo una costumbre. Cada vez que ha tirado y ha llegado a algún sitio, esa costumbre se ha reforzado un poco. Si lleva dos años tirando, lleva unas dos mil repeticiones a favor de tirar.

Contra eso no hay una semana buena que valga. Hay meses de repeticiones en la otra dirección, y avances que no son lineales: habrá una racha buena de diez días y después un martes con viento en que vuelve a colgarse de la correa como al principio. Eso no es un retroceso, es cómo aprenden.

Los tres paseos del día no son iguales

En España lo normal es sacar al perro tres veces al día en tandas cortas, y en verano las únicas horas cómodas son la primera de la mañana y la última de la noche. Úsalo a tu favor en vez de intentar entrenar en las tres.

Elige uno, corto, por una calle tranquila y sin que nadie te espere en ningún sitio: ese es el paseo de entrenar. Los otros dos son paseos de verdad, para oler y descargar energía. En esos ponle el arnés si te viene bien y déjalo estar, sin discutir cada metro. Entrenar con prisa no le enseña nada a nadie.

Cuánto sitio necesitas

Menos del que parece. Nuestra correa mide 1,5 m fijos, y en una acera española de barrio, donde muchas veces cabe una persona y media, esa longitud es la que te deja gestionar un cruce sin que el perro llegue a la calzada. Una correa larga en ese sitio no da libertad, da un perro que se te mete entre las piernas.

Los metros largos tienen su momento y es el campo, con una correa larga y el perro lejos olfateando. En una calle son un estorbo, y con una correa extensible es peor todavía: el muelle mantiene una tensión constante, así que tu perro pasa el paseo entero apoyado en ella.

Cómo saber si vas bien

Con una medida sencilla que puedes hacer mañana. Cuenta cuántas veces tienes que pararte en un tramo fijo, por ejemplo de tu portal al primer cruce. La primera semana puede ser seis veces. Si dentro de un mes son tres, vas bien, aunque en el paseo no lo hayas notado. La mejora es demasiado lenta para verla sin contar.

Lo otro que conviene mirar es dónde está la cabeza de tu perro. Un perro que camina con la correa floja levanta la vista hacia ti de vez en cuando, sin que se lo pidas, para comprobar por dónde vas. Ese gesto, que casi nadie cuenta como progreso, es el que indica que ha empezado a andar contigo y no delante de ti.

Y págale lo que hace bien

Casi todo el mundo abre la boca solamente en el momento del tirón, y el resultado es un perro al que nadie le ha dicho nunca qué sí quiere. Cuando va a tu altura y la correa cuelga, es entonces cuando toca hablarle y darle algo bueno. Cuesta lo mismo y apunta al lado correcto.

Lo que no lo consigue

No lo consigue cambiar de collar, ni cambiar de correa, ni ningún accesorio. El material decide cuánta fuerza pasa y cuánto control tienes mientras el perro aún no sabe caminar contigo, y ahí sí hay diferencias reales entre 25 y 38 mm de cinta. Pero la correa floja se enseña, y se enseña despacio.

Preguntas frecuentes

¿Qué es pasear con la correa floja?
Que la correa cuelgue formando una jota blanda entre tu mano y el cuello del perro. Da igual que vaya medio metro delante, medio detrás o parado oliendo una farola: mientras la correa no esté tirante, está haciendo lo correcto. La ventaja de ese criterio es que es objetivo, no hay que interpretar nada.
¿Es lo mismo que caminar al pie?
No, y no debería serlo. Caminar al pie es obediencia: el perro pegado a tu pierna, atento a ti, y se sostiene un par de minutos, para pasar delante de una terraza llena o cruzar entre coches. Con la correa floja el perro puede oler, quedarse atrás y adelantarse. Pedirle atención constante media hora es agotador para él y no es un paseo.
¿Cuánto se tarda?
Meses, y no hay atajo. Tu perro no está aprendiendo un truco, está deshaciendo una costumbre: si lleva dos años tirando, lleva unas dos mil repeticiones a favor de tirar. Los avances no son lineales, habrá diez días buenos y después un martes con viento en que vuelve a colgarse. Eso no es un retroceso, es cómo aprenden.
¿Tengo que entrenar en todos los paseos?
No, y es mejor que no. Elige uno al día, corto, por una calle tranquila y sin que nadie te espere: ese es el de entrenar. Los otros dos son paseos de verdad para que huela y se canse, y ahí, si hace falta, usa el arnés y no te pelees por cada metro. En verano además las únicas horas cómodas son la primera de la mañana y la última de la noche.
¿1,5 m de correa es poco para la ciudad?
Es justo lo que hace falta. En una acera de barrio donde muchas veces cabe una persona y media, esa longitud te deja gestionar un cruce sin que el perro llegue a la calzada. Una correa larga ahí no da libertad, da un perro que se te mete entre las piernas. Los metros largos tienen su momento y es el campo.
¿Hay algún collar o correa que lo consiga?
No, ninguno. El material decide cuánta fuerza pasa y cuánto control tienes mientras el perro todavía no sabe caminar contigo, y ahí sí hay diferencia real entre 25 y 38 mm de cinta. Pero la correa floja se enseña con repeticiones y se enseña despacio.
¿Entreno con collar o con arnés?
Con lo que tu perro ya lleve puesto, porque lo que se entrena es la correa floja y eso no cambia con el material. El arnés cambia dónde llega la fuerza mientras el perro todavía tira, no lo que tarda en aprender. Hay dos excepciones y las dos son de salud: si tu perro tiene la cara chata, o si tose o se ahoga cuando se cuelga, la correa va al arnés desde el primer día y el collar se queda para el nombre y la chapa. Nosotros no hacemos arneses, así que decir esto no nos vende nada.

Sobre este artículo

Anna escribe como habla: cercana, directa y fácil de seguir. Sus textos hablan de la vida real con perros: huellas de barro por toda la casa, cachorros que mordisquean todo lo que encuentran o un perro que se tira a un c

Este artículo se ha redactado con ayuda de IA y ha sido revisado por Anna de Jong, Redactora de vida con perros · Ámsterdam. Supervisión editorial: Laura de Wit.

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Referencias (5)
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